Proporcionando vacunas anti-diván desde 2006
Cronicas de un hereje en la secta psicoanalitica
CJCblog

Annie: ¡Ah! ¿Vas al analista?
Alvy: Sólo hace quince años.
Annie: ¿Quince años?
Alvy: Sí... le concederé un año más y luego me iré a Lourdes.

— Woody Allen

De la película Annie Hall

Un caso de tratamiento psicoanalitico para el autismo
Esta es una versión revisada y ampliada de lo que estaba antes. Más detalles aquí.

El hermetismo de los consultorios psicoanalíticos hace difícil ver que sucede allí dentro. Hace difícil percibir los errores y daños que provoca el tratamiento psicoanalítico. Y hace más difícil de poder alcanzárselo al publico general. El terapeuta de turno, para agravar la situación, cuando expone sus casos, expone una versión resumida y filtrada de lo que sucede sobre su diván. Tenemos que atenernos a la visión subjetiva del psicoanalista y dar crédito sobre lo que expone; crédito que se me hace difícil de otorgarle ya que resienten a ofrecer un mirada completa sobre sus casos y ocultan datos relevantes sobre ellos, cosas que no consideran importantes y que si pueden ser de importancia al evaluar el caso. Como no lo comunican todo nunca sabemos la historia completa, y nunca podremos evaluarlos justamente por que no tenemos todos los detalles para hacerlo. Esta costumbre se remonta hasta el mismo Freud y se ve en las inconsistencias de sus propios casos. Pero a veces el critico del psicoanálisis tiene suerte y encuentra un caso expuesto que permite mostrar lo que realmente hace un psicoanalista. Tengo de una web un caso de tratamiento de una niña autista expuesto por un psicoanalista. En este caso, la terapia psicoanalítica es sentarse y hacer nada más ... Pero quizás no sea justo esto. Ya que es la mitad del tiempo. La otra mitad solo se pasean por la cuidad.

El hermetismo psicoanalítico a veces radica en un profunda indiferencia hacia los otros que no son psicoanalistas. Una indiferencia profunda a veces producto de cierto recelo debido a la visión amenazante que tienen de las terapias no psicoanalíticas. Los mismos psicoanalistas ven al Psicoanálisis como una practica liberadora1 y, en un ejercicio de la falacia de falso dilema bastante común en este mundillo, las demás terapias se las ve como esclavizantes. En realidad, el tema debería dividirse en científico y lo que no, y evitar que lo que no es se aplique como si lo fuera. De todas formas, algunos psicoanalistas a veces dejan la indiferencia de lado, y creídos realmente que tiene un arma liberadora con la que luchar contra el capitalismo y mercantilismo esclavizante de la sociedad moderna2 salen a mostrar como el psicoanálisis cuida al sujeto que tiene a su cuidado. Este relato es uno de esos casos.

Recordemos a Clara, una niña que tiene síndrome de Rett. Con sus 4 años no habla ni juega, tampoco hace gestos, mueve sus manos ansiosamente, ellas no paran de refregarse entre sí (recordemos que este signo corporal es propio de esta problemática). Respira por la boca, se sofoca, agita sus brazos, las manos no paran de moverse, a veces surge un ruido, más bien gutural que suele ser gritos, a veces parece que acompaña los movimientos y otras irrumpen sin previo aviso.

Lo interesante de este caso es que el diagnostico es el síndrome de Rett, el cual es causado por alteraciones en un gen especifico (MECP2). El diagnostico, aunque inicialmente se proponga a través de la observación clínica, no es definitivo hasta que no se detecta las alteraciones en el gen MECP23. Lo interesante, quizás detestable, del caso es que el terapeuta pretende iniciar una terapia de corte por entero psicológico y tratar un problema biológico con ella. Pero para ser justos es posible que la terapia se centre en estimular y desarrollar habilidades sociales básicas para darle independencia a la niña en el futuro. No creo que vaya sentarse al lado de la niña por meses solamente. Digo, ¿no? Nadie puede hacer algo tan perezoso como eso. ¿No? :-/

Debo hacer notar que el síndrome de Rett es un síndrome "autistic-like", o sea un síndrome que es parecido al autismo pero que no llega a serlo. El síndrome de Rett en sus inicios puede presentar algunas características del autismo, que muchas veces se lo llega a confundir con él. En realidad, esto no importa mucho para el análisis del caso, ya que el psicoanalistas de turno trata a la niña como autista y estamos justamente analizando el ejercicio profesional de este psicoanalista frente al autismo. Este actúa como si estuviera frente a un caso de autismo y esto es lo que nos interesa. Sin embargo, el psicoanalista esta actuando con cierta coherencia al enfretarse al autismo. Para el Psicoanálisis el autismo es una reacción psicológica frente a un entorno hostil4, por lo que el síndrome de Rett al tener conductas similares al autismo se le presupone un origen similar al autismo. Y es más aun considerando que este psicoanalista este efectivamente tratando el síndrome de Rett a conciencia, su actuación, incluso así, deja mucho, pero muchísimo que desear.

Llegando al consultorio

Cuando Clara entra al consultorio llora, no para de llorar, su llanto conmueve e inunda todo el espacio, el tiempo parece detenerse, se eterniza en un llorar sin lágrimas, en una queja, un dolor ilimitado. El llanto adquiere dimensiones que parecen catastróficas, no para de llorar.

Desde el mismo comienzo se ve la impericia del psicoanalista para manejar un caso de autismo. Podemos dar cuenta de la ignorancia sobre el autismo que llegan a a tener los psicoanalistas. Con solo investigar un poco, como por ejemplo leer el articulo de Kanner que funda el autismo cuando menos, puede dar cuenta del porque del llanto de la niña. Desde el mismo inicio del autismo, Kanner hace notar una cierta intolerancia de los niños con autismo a los cambios. Kanner refería a esta intolerancia como "sameness". El niño intenta mantener todo en su lugar, quiere mantener todo tal cual esta. Por dar un ejemplo de esto, un niño volvía a cerrar todas la ventanas y puertas que su madre abría en la casa. Kanner relata lo sucedido.

Quería asegurarse de la igualdad del entorno, literalmente, al mantener las puertas y ventanas cerradas. Cuando su madre abrió la puerta para atravesar a través de su obsesión, se puso violento encerrandose de nuevo y finalmente, cuando interfirió de nuevo con ella, estalló en lágrimas sin poder hacer nada, completamente frustrado.5

Los dos casos son extremadamente similares, pero quizás la situación de Clara sea peor. Para Clara, no solo hubo algunos cambios, si no que los cambios fueron totales y completos. Nada le era familiar. Aquí se puede entender más claramente el problema del autismo. Hace que el niño no pueda salir a ninguna parte y menos mantener alguna actividad por fuera de ambientes familiares. En general, en el tratamiento con autistas, se buscara un lugar conocido del niño para trabajar con él. Esto nos da la pauta que el psicoanalista no ha estado informado de esta posible eventualidad al trabajar con niños autistas.

Nuestro psicoanalista no se puede alejar mucho de su adorado diván, lo que dificulta su trabajo bastante. La idea de separarse de su diván le debió haber causado mucha angustia, por lo que tuvo una maravillosa idea para no dejar a su diván solo.

Psicoanálisis automóvilistico

Converso con el abuelo y decido que la próxima sesión la espero a Clara en la puerta y que cuando llegue, en vez de salir del auto se quede y en ese momento yo podría subir y estar con ella, juntos en el auto. De este modo, tal vez se podría evitar el desborde del llanto y la tensión que salir del auto le generaba.

Como vemos, la niña esta cómoda en ambientes conocidos. Evidentemente, el automóvil del abuelo era uno de eso ambientes familiares. Todo el "trabajo" que este psicoanalista hará lo hará sentado en el asiento del conductor del automóvil. Estará allí un buen tiempo. Este no parece un ambiente adecuado para una terapia, pero esto no parece importarle a nuestro psicoanalista. Vuelvo a pensar en lo angustioso de la separación de su diván para tomar estas decisiones y atender en tales lugares. Tan angustioso debe ser que no ve la opción de tomar su propio automóvil y atender a la niña en su propia casa. Tal debe ser la ansiedad de la separación divanesca que no piensa que quizás sea más recomendable generar un espacio cómodo en la casa de la niña para el trabajo terapéutico. ¿Me pregunto como atenderá a lo agarofobicos? Aunque seamos justos. ¿Como piensan que se puede meter un diván en la baulera de un auto? Son tan grandes y pesados. Y es muy incomodo subirlos y bajarlos por las escaleras de los edificios.

La siguiente sesión hacemos lo acordado, al llegar el abuelo, se baja del auto y entro yo en su lugar.

Me pregunto si habrá, o si habrá estado tentado, reclinado el asiento de la niña a modo de diván. También me pregunto si al abuelo le habrá parecido profesional esto de hacer terapia en el auto. ¿Le habrá parecido normal y correcto todo esto? ¿Nunca dudo de la "terapia" que estaba haciendo? en todas las numerosas sesiones que tuvieron en el automovil, ¿nunca el abuelo pensó que esta terapia no iba a ningún lado? Es probable que haya pensado "Este tipo debe saber lo que hace". Si el abuelo hubiera leído lo que sigue lo hubiera pensado mejor, incluso habría pensado darle un puñetazo. El relato continua con algo de lo mas insinuante y escalofriante.

Clara no está llorando, escucha una música infantil, al mismo tiempo que toca una perilla del auto, la cual mueve el limpiaparabrisas que no para de moverse. La escena es la siguiente: Clara sentada en el asiento del acompañante mira el movimiento del limpiaparabrisas que se mueve automáticamente, de un lado al otro. De fondo se escucha la melodía infantil. Clara no deja de mirar el movimiento del limpiaparabrisas, no me mira ni realiza ningún gesto. Comparto esa experiencia sin gestualidad por unos instantes hasta que decido tocar la perilla y se frena el movimiento del limpiaparabrisas, ella sin mirarme toca la perilla y continúa el movimiento.

Ante esta actitud empiezo a hablarle al movimiento del limpiaparabrisas, “hola, como se mueven, que rápido, cómo corren, hola, hola, pero pueden parar un poco...”. En ese momento toco la perilla y se para el movimiento y continúo: “Ahora sí, como están, me gusta mucho que bailen y se muevan al compás de la música, ¿pueden seguir ahora?... En ese momento, Clara que estaba mirando al frente, gira un poco el eje de su cuerpo y en esa postura me mira, detiene el movimiento de frotación de sus manos, inclina su cuerpo sin dejar de mirarme y toca suavemente mi mano. Al hacerlo, expreso: “Que lindos ojos, hola Clara”, su mirada refleja la mía, nos miramos y llevo la mano a tocar la perilla. Es un toque tejido en lo intocable.

¿Es un toque tejido en lo intocable? ¡Uf! Mejor dejemos de lado la poesía que los psicoanalistas siempre intentan meter en sus relatos. Es solo palabrería bonita que hace parecer lo que dicen más profundos, pero nada más. Que parezcan más profundos no los hace más profundos. Esta poesía no aporta nada. Es solo poesía para hacer parecer lo dicho más humano y más cálido, pero en realidad el único calor que emanan es por que es solo aire caliente. El estilo que usa aquí se va bastante a menudo en los psicoanalistas: una irritante insistencia en hacer preguntas y no responderlas. Otro efecto que lo hará parecer profundo como un charco al agitarse parece profundo también. No se, pero quizás sean literatos frustrados la mayoría de ellos.

Ahora, volviendo al asunto. ¿Que demonios esta hablando el terapeuta? Cuando leo esto siempre un pequeño escalofrío me recorre la espalda. Toda la escena, más que terapéutica parece una escena romántica, casi de seducción. ¡Por Dios! ¡Estamos hablando de un adulto y una niña de 4 años aquí! ¿En serio se le dicen esas cosas a la niña en terapia? ¿En serio el psicoanlista detalla la relación con esta niña en estos términos insinuantes? ¿EN SERIO? ... Y no termina acá.

El movimiento del limpiaparabrisas continúa su marcha, baila, corre, dialogo con ese movimiento y con Clara que por momentos comienza a mirarme. Toco la perilla, el movimiento se detiene, Clara me mira, hace el gesto, esboza un comienzo de sonrisa y volvemos a tocarla.
Al llegar al automóvil tanto a Clara como a mi se nos iluminaban los ojos, ella refrenaba sus movimientos, especialmente manuales y se abría al gesto, al encuentro con el otro, nuestras miradas se tocaban. Sin embargo, los ojos no se tocan, las miradas sí lo hacen. Cabría preguntarnos, ¿en qué espacio se tocan las miradas?

Parece más una novela rosa que un relato clínico esto. ¿En serio? ¿Esto es terapia? ¿A esto denominan terapia? Parece más bien una mezcla entre poseía y novela romántica. ¡Por favor que alguien me diga que es una broma todo esto! Me asusta mucho que niñas de 4 años puedan estar bajo semejantes "tratamientos", y bajo semejante situación. Lo único que falta es que alguien me traiga el argumento de que hay un juego de seducción implícito en toda terapéutica psicoanalítica. Esa palabrería de transferencia y contra-transferencia. No me vengan a decir luego que la niña inconscientemente seduce al terapeuta. El nombre Dora me viene la cabeza. Sigamos mejor.

Hay algo característico en los psicoanalistas modernos. Es una tendencia preguntarse de todo sin decidir o concluir nada. Cualquier cosa puede disparar una serie de preguntas sin sentido, vacías y por entero irrelevantes. Aquí tenemos un ejemplo de ese tipo de preguntas: "¿en qué espacio se tocan las miradas?". Es una pregunta más de poesía, o literatura, que de psicología, incluso ni llega a pertenecer al Psicoanálisis clásico. Al hacer este tipos de preguntas uno parece dotado de una gran profundidad, de gran inteligencia, incluso de una gran sensibilidad humana. Hasta uno se puede imaginar el gesto de cierta arrogancia, soberbia, y altanería al hacer la pregunta y arrojarla directamente a la cara de su interlocutor. Es fácil imaginarse un gesto como "¿Es que acaso no te haces estas preguntas profundas? Yo si. Es que soy muy profundo ¿viste?".

Este preguntar con aires de profundidad es una practica aprendida de los mismos profesores. No es raro sentir estas preguntas de este estilo en la Facultad de Psicoanálisis. Todos quedan maravillados, pero ¿aprender? ¡No, gracias! Son preguntas tan útiles como el preguntarse sobre el sexo de los ángeles. Solo sirve para parecer un pensador profundo. Bah! Ya lo mencione todo esto antes. Aunque estas preguntas retoricas a veces son respondidas, pero las respuestas son igual de vacías que la preguntas, y solo refuerzan la idea de que es solo aire caliente, una pose, un esnobismo, una forma de agitar un charco y hacerlo parecer profundo.

Ese espacio ocurre en el “entre-dos” de la experiencia compartida, indudablemente es un espacio virtual, donde se cruzan imágenes, palabras, deseos y demandas. Es un lugar invisible para aquél que no participa de la experiencia escénica y sin embargo, se sostiene en la intensidad afectiva a través de la mirada. No nos olvidemos que la mirada tiene que “tocar” al otro para reflejarse en él. Si este acto no ocurre se corre el riesgo, siempre latente, de refractar al otro, de rechazarlo o, en este caso, situarlo como un síndrome, como un Rett, que también es considerado en el Manual de Psiquiatría DSM IV como parte del diagnóstico del “espectro autista”. Visto así, Clara estaría refractada y el único reflejo que, sin embargo, se refleja simbólicamente a sí mismo sería el de espectro autista.

Como dije, este articulo esta motiva por el animo de defensa contra las practicas estigmatizantes, según creen los psicoanalistas, de poner diagnósticos a la personas. Aquí vemos el clásico argumento de que el psicoanálisis defiende al sujeto y su subjetividad, o individualidad. Nuevamente, se ve la mala concepción que el psicoanálisis tiene a lo que no sea psicoanálisis, o no comulgue con él. Esta mala concepción nace de la falta de información, provocado por la falta interés en conocer aquello que no es Psicoanálisis.

Que el diagnostico de Clara sea síndrome de Rett no implica que Clara misma sea el síndrome de Rett personificado, o algo así, aunque este por demás aclararlo. Clara esta afectada por el síndrome de Rett y su vida se encuentra opacada por este síndrome. Incluso nuestro psicoanalista de turno no discute eso. Acepta su condición de autista y acepta tratarla. Reconoce implícitamente al tratarla que Clara sufre de un problema y que se la debe ayudar. El diagnostico no es otro cosa que una herramienta que usa el profesional para poder saber que tratamiento aplicar y como conducirse en cada caso. En palabras más simples, saber a que nos enfrentamos. De hecho, si nuestro psicoanalista hubiera considerado su diagnostico y hubiera considerado las conductas típicas de los niños afectados por autismos, hubiera podido dar la posibilidad del llanto profundo e intenso de la niña en su primera entrevista. Ni decir de que hubiera podido dar un tratamiento mucho mejor y que realmente ayude a Clara y a su familia.

El tratar a Clara como si no fuera una persona es un hecho de la ética del profesional. Es una falla a la ética, y no un problema del diagnostico. Repito, es un problema de la ética del profesional. Las personas no son sus trastornos, pero sufren de ellos, y deben vivir a pesar de ellos, luchando día a día para lograr una mejor y placentera vida. El profesional debe ayudar a lograr esta meta del paciente. El diagnostico es una herramienta en esto. Una herramienta esencial, que incluso es un derecho del paciente ser diagnosticado. Esto indica que tratamientos se seguirán y permite evaluar la ética misma del profesional de turno al ver si actúa acorde al diagnostico. En este caso, el profesional no sigue ningún tratamiento de ningún tipo, aun al tener el diagnostico frente a él. Solo se sienta en el asiento del conductor a esperar.

Siguiendo con su argumentación contra el diagnostico estigmatizador, el psicoanalista intenta de-construir el termino espectro.

Desde el punto de vista etimológico, espectro proviene del latín spectrum (imagen), la cual proviene del verbo specere (observar, mirar) y se define como una figura fantasmal y horrible que uno cree ver.
¿Cuál sería la imagen de un niño considerado espectro autista? ¿Es acaso un espectro o sea una imagen con cuerpo o un conjunto de partes que conforman la forma de un espectro al cual habría que adosar el término autismo? ¿Es posible diagnosticar un “espectro autista” sólo por las conductas o el comportamiento de un niño?

La palabra espectro tiene dos acepciones principales. Una es la que acaba de de-construir, la otra es la acepción correcta. Espectro se refiere aquí, para el autismo, a un gradiente, una colección amplia, una especie de escala continua. Este tiene diversos grados de severidad. Son diferentes cuadros que varían en diversas características, pero en los que siempre se mantiene la incapacidad de relacionarse socialmente con otras personas. Los síntomas detectados pueden variar, mostrar diferencias, lo que lo hace un espectro diverso, pero mantiene en común esta discapacidad social de forma patognomónica.

Volviendo al rincón literario ...

Los ojos al mirar de algún modo se tornan ciegos al órgano, se enceguecen para mirar más allá del puro organismo y por supuesto la discapacidad. Los ojos, al mirar al otro como sujeto y no como objeto, laten como labios, tocan en lo intocable y miran en lo invisible de la sensibilidad que unifica en contraposición a la fragmentación de cualquier “espectro”.

¿Lo traduzco al español? Si uno solo ve una discapacidad se estaría perdiendo de vista la persona que la sufre. Volvamos a la "terapia".

Después de unos meses de jugar en el auto con Clara, ella realiza el siguiente gesto, coloca la mano sobre la mía, entonces exclamo: “Hola Clara”, nos miramos, gestuamos, le pregunto: ¿Querés salir del auto y caminar un poco? ¿Paseamos por la vereda? Espero la respuesta.

Aquí se lee claramente que el psicoanalista ha pasado, no días, no semanas, si no MESES sentado en el automóvil. Meses de escuchar música de la radio, sentarse y cobrar las sesiones. En meses no ha logrado nada. Ni siquiera a podido hacer que la niña baje del automóvil. Aunque por otro lado, no hecho nada para que la niña quiera bajar. Es más, no ha hecho nada en meses. Solo se ha quedado sentado. Repito, no días, no semanas, si no MESES cobrando sesiones.

En ese silencio espero la respuesta...el tiempo parece detenerse. El gesto queda suspendido. Sostengo el silencio, esa síncopa inaudible, invisible e intocable. Reitero la pregunta: ¿Vamos a caminar?...

Suspenso e intriga. ¿Quien puede decir que la terapia psicoanalítica no es emocionante? ¿Eh? Este es uno de los motivos de la popularidad del psicoanálisis. Este psicoanalista ha aprendido bien del maestro Freud. Sigmund relataba sus casos como si fueran novelas. Él mismo reconoció esto. Esto hace que sus relatos de sus casos clínicos sean atrayentes y accesibles al publico general. Sus relatos no tienen terminología psicológica dura. Son más bien relatos detectivescos donde Freud se pone en el papel de investigador comprometido en la aventura de indagar las profundidades psíquicas de las personas, descubriendo secretos difíciles de aceptar por las personas, pero no por él, ya que valientemente los acepta. No por nada Freud gano un premio literario. Nuestro psicoanalista parece que es un buen aprendiz al introducir este momento en su relato.

La plasticidad parece hacer su juego y luego de unos instantes me apreta la mano ... es la respuesta, el gesto hecho deviene acontecimiento que confirma las miradas, el toque y la palabra.

Esto es lo que intento capturar en este blog. Quiero desvelar la forma de percibir que tienen los divanistas. Nuestro psicoanalista piensa haber hecho contacto con la niña, piensa que la niña le ha respondido. ¿Como lo ha hecho ella? No lo ha hecho con un gesto claro. Ni siquiera con uno aprendido desde el "profesional". Lo ha hecho con un gesto altamente equivoco. La ha apretado la mano. ¿Pero realmente podemos estar seguro que ese apretón debe interpretarse como una respuesta?

Una cosa que debemos notar es que el psicoanalista no ha hecho una comprobación de que realmente el apretón realmente fuera una respuesta afirmativa de la niña. No repite la pregunta, solo se da por satisfecho. Para él es suficiente. No se molesta en comprobar que el apretón sea una repuesta, aunque tampoco se toma molestia alguna en alentar a la niña a seguir respondiendo de esa forma. No se molesta en establecer un código entre ellos. Solo ha pasado meses sentado en el automóvil esperando esta supuesta respuesta. Creo saber por que hace esto; más adelante me explicare. Aunque se pretenda que esto como un acontecimiento, como un evento importante de la terapia, no es más que un respuesta inmotivada al azar, que fue interpretada por el psicoanalista, quizás motivado por la impaciencia de la larga espera, como una respuesta de la niña, pero no hay nada que indique que lo fuera. El psicoanalista debe haber pensado allí haber hecho contacto y abierto un dialogo con la niña, pero más parece un abandonado en el desierto que piensa que detrás de cada duna encontrara finalmente el agua que busca, y que cansado de no encontrarla decide pensar que la arena es agua.

Pero aun hay una cuestión más a considerar. El síndrome de Rett se caracteriza por la perdida de la capacidades motoras. La manos no estan excluidas. Los afectados por el síndrome de Rett sufren de movimientos espasmódicos de la mano (corea). Lo que el psicoanalista ha visto es, muy probablemente, un movimiento involuntario de la niña, y que en ha interpretado erróneamente como una respuesta motivada y voluntaria de la niña. Aquí es donde las falsas esperanzas dibujadas por el psicoanalista caen. Este es otro motivo de la popularidad del psicoanálisis. Da esperanzas falsas, y los psicólogos son los que deben desmontarlas haciéndolos en el proceso impopulares. Pero aun asumiendo que el apretón sea un respuesta de la niña es una respuesta bastante primitiva, por lo que debemos ver que este psicoanalista no ha logrado mucho. En meses no ha logrado nada más que este apretón de manos como, supuestamente, una respuesta. Si un apretón de manos es el único tipo y única respuesta que ha logrado, realmente es muy pobre lo que ha logrado. Serian MESES, meses para lograr un apretón que puede ser interpretado equívocamente como una respuesta. Meses para nada.

Psicoanálisis de a pie

Abro la puerta del auto y salimos de la mano. Caminamos sin soltarnos por la vereda, me mira, nos miramos, reímos, caminamos.

La escena ahora es en la calle. La terapia ahora es pasear.

Al hacerlo, surge una melodía espontánea y canto: “Caminamos, caminamos con los pies, caminamos, caminamos, otra vez...caminamos, caminamos y así paseamos y caminamos, caminamos...”

No. No es la niña la que canta. Es nuestro "profesional" el que lo hace. Terapia de lo más profesional. Pero se pondrá más intensa cuando saluden a una planta.

Vamos hasta la esquina y volvemos.
En un momento, Clara apreta mi mano y se detiene frente a una planta, mirándola. Su mirada parece interrogarla, entonces, saludo a la planta: “Hola, ¿cómo estás?”, cambio el tono de voz y personifico la escena, afirmo: “Muy bien, hola Clara, qué lindo es que me mires y saludes”. Clara inclina su cuerpo y con nuestras manos agarradas tocamos la hoja y volvemos a saludarla. Clara y Esteban, tomados de la mano, tocamos la planta-personaje que a su vez nos toca en la gestualidad escénica.

Podemos apreciar aquí como el psicoanalista insiste en su creencia de que los apretones de mano son respuestas de la niña sin nada que lo confirme. Ahora este cree que cualquier apretón es una respuesta y guiara sus acciones por ellos. En otras palabras, se guiara por su propia creencia ignorando a la niña. Aquí empezara a vivir su propia fantasía de que ha logrado avanzar con la niña. No tengo nada en contra de que la gente viva sus fantasías como quieran, pero esto en muy lamentable para la niña, que esta atrapada en un terapia sin futuro alguno, desperdiciándose meses y meses de tiempo valioso.

Es imposible que la planta hable o llore o demande pero, sin embargo, es ésa la posibilidad de jugar con ella y dejarse llevar por esos instantes donde Clara se reconoce en una experiencia infantil diferente.

¿Para que pagar a alguien cuando esto bien lo puede hacer la madre, o el abuelo, y, además, en el proceso disfrutar de la compañía de la niña?

Clara toca a la planta personaje que habla y juega, cantamos, mira, miramos y en ese cruce de miradas, palabras y sonidos, ...

Nuevamente vemos como el psicoanalista cree su propia historia de lo que sucede, pero podemos ver además como llega a contradecirse, vemos como su historia no puede sostenerse firmemente. El psicoanalista sostiene que hay un cruce de "miradas, palabras y sonidos". sobre las miradas no podemos decir mucho ya que no tenemos una buena descripción de ellas. Pero sobre las palabras podemos decir algo. Hasta este momento, luego de meses repito, el psicoanalista no escucha palabra alguna. No relata ningún momento donde la niña dijera una palabra. Esto es coherente con la perdida del habla del síndrome de Rett. ¿Entonces por que dice palabras?

... ella comienza a pronunciar otra sonoridad “oh oh”, que continuaba en “ah, ah” y entonces lo escucho como “hola, hola”. De pronto articulaba la u con la e, que también se asemejaba a un saludo como chau o che, y de este modo, comienzan las primeras articulaciones fonológicas y los primeros balbuceos de Clara.

Interpreta así los balbuceos de la niña. La niña no ha dicho palabra alguna, es el psicoanalista el que asume, nuevamente sin sostén, que la niña dice palabras. Esto lo que busco con este blog. Quiero mostrar al publico la forma de razonar que tienen los psicoanalistas. Se ve como los psicoanalistas interpretan casi en el aire y dan forma a su fantasía de que van bien en la terapia.

Paseando Clara configura otro espacio y otra temporalidad. Ya no el del automóvil (el primer encuentro) sino la vereda, la planta, el árbol, el supermercado, con los cuales jugábamos, hablábamos, cantábamos.

La terapia de saludos se ha intensificado aun más. ¿Saludan a las veredas? ¿Ahora saludan y juegan con supermercados? ¿Cantan con los supermercados? ¡Uf!

Creo saber por donde todo viene esto. Es un intento de ejercicio de simbolismo. Intenta que la niña haga ejercicio del simbolismo al jugar. Intenta que lo ejercite, pero, si conozco bien el pensamiento psicoanalítico, hay algo más. No intenta reforzar o ejercitar ese simbolismo. Ya lo reconoce, el psicoanalista, como presente en la niña. No considera si tiene la capacidad, solo asume que la tiene. No intenta reforzarlo o estimularlo o ejercitarlo el poco que tenga. Intenta que la niña ponga a trabajar su simbolismo y su capacidad para simbolizar, que considera intacta. Asume que el síndrome de Rett no es un problema neurológico, lo asume psicológico, y asume que la niña solo no quiere jugar, no que se vea dificultada en hacerlo. Asume un psiquismo no afectado por el síndrome e intenta mostrarle que no hay problema en jugar y cantar a los supermercados ¡Doble uf!.

Paseamos, en ese umbral, en ese límite, contorneábamos una escena. Sin duda una experiencia que produce en acto un acontecimiento impredecible que conjuga nuevos escenarios, imágenes, palabras y demandas. En ese recorrido, después de varios meses, Clara comienza a detenerse en la puerta del edificio del consultorio.

¡Oh, Dios! ¿Meses? ¿Han pasado meses caminando y caminando? ¿Han pasados meses en que el psicoanalista solo se la paso saludando y cantando? ¡MESES! ¿Y aun ni siquiera ha logrado que la niña quiera entrar en el consultorio? ¿Realmente hace algo este psicoanalista, además de cobrar las sesiones? ¡MESES!

Simplemente se detiene, lo mira, gira su cuerpo y me mira, luego seguimos caminando, paseando. Ante estas detenciones, que tienen el carácter y el sentido de un gesto, le hablo de los juguetes y las sorpresas que hay arriba en el consultorio.

Al parecer el dialogo que entablo con la niña, suponiendo que sea un dialogo, ni siquiera es productivo ya que tiene que sobornar a la niña para que suba al consultorio. Recordemos que han pasado meses sentados en el automóvil, y meses paseando, y aun ni siquiera ha llegado a la puerta del edificio donde esta el consultorio. Y nuevamente, el psicoanalista pretende que estos actos tienen un sentido. Nuevamente asume una capacidad de adulto intacta para simbolizar. El psicoanálisis asumirá que todo acto es significativo, por eso el psicoanalista tiende a pensar de esta manera. Para él nada es tan insignificante como para que no tenga sentido6. Incluso su regla es una regla inversa, cuanto más pequeño e insignificante parezca el acto más importante y relevante es para él. Y así tiende a olvidar todo el problema que este síndrome acarrea y se concentran en cantar, pasear y ¿saludar perros?

En una sesión, bajo unos animalitos de plástico y los dejo junto a la puerta del edificio. Empezamos nuestro paseo y luego de saludar a las plantas, a un árbol, a un perro que pasaba, [...]

Si creemos en la historia que nos cuenta el psicoanalista, vemos que la supuesta confianza que la tomo la niña ni siquiera es tal, ya que debe sobornarla para que acepte subir al consultorio. Luego de tomar una jirafa y pasear con ella (¿Aunque que otra cosa más que pasear hacen?), vemos que ni siquiera los juguetes sirven para convencer a la niña de subir.

Luego de todo este recorrido con “nuestra” amiga la jirafa, Clara comienza a subir al consultorio: primero, parándose en la puerta. Luego, llegaba hasta el pasillo. Después la escalera y finalmente a poder subir para jugar, pasear o estar con otros “amigos” de la jirafa.

Nuevamente soborna a la niña con un pequeño paraíso para jugar en el consultorio. Pero aparentemente no lo logra. Ni siquiera nos dice si logra la niña subir las escaleras y llegar al consultorio. El articulo termina describiendo lo que ya venia sucediendo: paseos que se detienen frente la puerta del edificio. No nos dice si llegaron al menos a subir algunos escalones, y menos nos dice si llegaron hasta el consultorio, y si lo hicieron que sucedió allí dentro. Y muchísimo menos si la "terapia" tuvo resultado alguno, y de que tipo fue. Todo lo relatado ha sido sobre los meses que paso el psicoanalista, fuera del edificio, tratando de hacer que la niña aceptara entrar al consultorio.

En este proceso, Clara aparece, existe en posición de sujeto. Está más comunicativa. Puede agarrar algunos objetos, especialmente juguetes, hace algunos sonidos y fonemas para relacionarse con otros. Las estereotipias sensorio-motoras han disminuido considerablemente y ha dejado el llanto desbordante e inmotivado para pasar a realizar gestos significantes. Clara interrumpe la acción de caminar para saludar a la planta, al árbol, al supermercado.

Es difícil poder ver esto como avances, ya que como vengo detallando, esto bien son las impresiones del psicoanalista. Los balbuceos, por dar un ejemplo concreto del articulo, dejan de ser tales al ser reinterpretados como intentos de palabras, por lo cual hace, evidentemente, que el índice de balbuceos baje. Los balbuceos solo son redefinidos. No han cambiado en si mismos. Siguen siendo balbuceos. Sobre lo de "gestos significantes" no aporta ningún ejemplo claro, como tampoco aporta ningún ejemplo claro de relación con otras personas como el abuelo. Al parecer solo lo hace con él. El juego interpretativo que hace oculta el nulo avance de la niña.

Digamos, por un momento, que son ciertos estos avances, pero ¿pueden deberse a otras cuestiones? Creo que si. Que haya logrado bajarla del auto, puede deberse a un acostumbramiento al nuevo escenario. Que salude, bien puede ser un gesto sin significado para la niña hecho a modo de copia de las sucesivas veces que lo vio al psicoanalista hacerlo. Una mera copia. Así como posiblemente pudo haber logrado que los balbuceos sean respuestas automáticas a ciertos pedidos del psicoanalista. Que paseara tampoco es algo digno de alabanza. Tomarla de la mano y llegar de aquí para allá no veo como puede ser un logro. Por lo que se puede desprender del texto anterior, los llantos se siguieron presentado, y el que hayan disminuido puede deberse a que el psicoanalista comenzó a evitar las situaciones que lo provocaran. Puede que haya aprendido, el psicoanalista, casi inconscientemente7, a evitarlas. Y como dije, aun aceptando que lo que dice sea verdadero, los avances logrados son ínfimos, prácticamente nulos. Por ejemplo, no pudo lograr en meses que la niña pasara por una puerta a un espacio desconocido, pero altamente común, como el lobby de un edificio.

Madres neveras

Una de la objeciones que se pueden hacer a esta entrada es que este es un psicoanalista malo, o que bien esto no es Psicoanálisis. Estoy de acuerdo que la terapia que aplica es horrible, pero esta sigue los lineamientos del pensamiento psicoanalítico. Al escribir por primera vez esta entrada no me percate del párrafo que abre el texto. Es un extracto de un articulo escrito por Winnicott. Debo decir, que me fue difícil de conseguir. En cuanto tengo oportunidad reviso las sección de libros usados de las librerías. Allí encontré un libro que tenia este articulo. Puede que a un psicoanalista le sea más fácil encontrarlo ya que sabe donde buscar. El párrafo en cuestión dice:

En mi opinión, no fue totalmente positivo el hecho de que Kanner haya denominado autistas a tales casos, ya que esa etiqueta daba a los pediatras, habituados como estaban a las entidades nosológicas, una pista falsa que empezaron a seguir con demasiado gusto, lo que a mi parecer es una lástima. Ahora podían buscar casos de autismo y acomodarlos fácilmente en un grupo cuyas fronteras eran artificialmente claras.

Se lo puede encontrar el articulo, llamado "La esquizofrenia infantil en términos de fracaso de adaptación", del que sale este texto en el libro "Psicosis infantiles"8. La pagina donde aparece es la numero 100. Lo que Winnicott critica a Kanner, en este párrafo es que la etiqueta de autismo puso a los investigadores a buscar las causas del autismo en la biología. Para él, las causas no deberían buscarse en otro lado más que en la relación madre-hijo.

Curiosamente ya hable hace poco de este articulo y mostré su relación con las madres neveras. Este nexo explica mucho de la conducta del psicoanalista al tratar con esta niña. Según esta infame hipótesis, el niño se encuentra retraído sobre si mismo debido que la madre no le ha reconocido al niño su derecho de existencia, ya sea por amor excesivo y sofocante o por un odio de muerte. Si se asume el odio, el psicoanalista intentara crear un entorno de confianza y agradable para el niño con autismo. Intentara que el niño salga de su caparazón al exterior. Intentara que el niño salga por si solo. No intentara de ninguna forma forzarlo para que lo haga. De igual forma, si se asume un no reconocimiento por un amor sofocante, el psicoanalista no impondrá nada, no pedirá nada y no exigirá nada al niño reconociéndolo como con completo derecho a decidir y por lo tanto a existir como ser por completo independiente. Si el psicoanalista se atiene a esto, supuestamente, lentamente el niño saldrá de su caparazón al exterior a relacionarse con el resto de las personas. Así que lo que el psicoanalista debe hacer, según el psicoanálisis, es acompañar solamente al niño, debe asegurarle al niño que el ambiente que lo recibirá es seguro para él y que se lo reconoce con pleno derecho a la existencia.

En resumen, el psicoanalista no hará nada más que sentarse al lado de la niña a escuchar su música favorita, pasear con ella por la vereda y saludar a perros y supermercados, mientras cobra religiosamente por hacerlo, hasta alcanzar que lo que el cree como un "hola", cuando realmente es un balbuceo, y creer que un apretón azaroso de manos, posiblemente producto de una corea, es un gesto afirmativo.

Concluyendo conclusivamente

Como no podía ser de otra forma, para finalizar, nuestro psicoanalista nos lanza otra pregunta irrelevante.

Finalmente un sutil interrogante, si Esteban posibilitó inscribir alguna experiencia infantil en Clara ¿qué experiencia inscribió Clara en el devenir de Esteban?

Y la respuesta a esa pregunta es igual de sutil ...

  1. 1. Aun no estoy seguro de que libera, aunque creo que lo que hace es lo contrario: atar a un diván.
  2. 2. Aunque a veces hablan de liberación, pero no especifican de que tipo de liberación hablan.
  3. 3. Ver Wikipedia al respecto.
  4. 4. Lease madres neveras.
  5. 5.
    Leo Kanner Autistic disturbances of affective contact Journal: Nervous Child. (1943) pp. 238 (Traducción propia)

He wanted to make sure of the sameness of the environment literally by keeping doors and windows closed. When his mother opened the door to pierce through his obsession, he became violent inclosing it again and nally, when again interfered with, burst helplessly into tears, utterly frustrated. (Case 10.John F.)

  • 6. Aquí se puede ver un ejemplo reciente de este pensamiento.
  • 7. Ningún sentido psicoanalítico aquí.
  • 8. (Maud Mannoni y otros) (Traducción Héctor Yankelevich) - Ediciones Nueva Visión (1971)
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