Cartas Freudianas: Claustrofobia, antisemitismo y un Freud algo pendenciero
19
Feb

¿Que tan humano era Freud? ¿Es el gran genio concentrado en cuestiones psicológicas profundas que nada de lo mundano lo afecta? Me parece que no. Parece que era bastante humano, sometido a las emociones como cualquier mortal. En una carta, Freud relata un pequeño incidente en un tren del que fue el actor principal. Ahí vamos poder ver un Freud algo claustrofóbico y pendenciero, capaz de irse a las manos para resolver las cosas. Quizás le cause alguna que otra disonancia cognoscitiva a alguno :-). Esta es una imagen que uno nunca va a sacar de la Facultad de Psicoanálisis.

Como es costumbre ya, la carta es dirigida a Martha, fechada el 16/12/18831. Después de relatar algunas trivialidades, como lo corto de dinero que estaba, comenta el incidente, a su, por aquel entonces, prometida.

Debo decirte que encuentro los viajes en tercera y por la noche bastante desagradables.

Si agregamos un mal día ...

El día amaneció frió, gris lluvioso. Solo los patos hubieran podido sentirse a gusto con un clima semejante.

... tendremos un Freud muy predispuesto al mal humor. Pero si le agregamos unos detalles más.

Ya sabes que lo que me gusta siempre respirar aire fresco, y conoces mi manía de abrir las ventanas sobre todo en los trenes.

Su mal humor podríamos pensarlo como producto de un día desagradable combinado a cierto disgusto por viajar en trenes. Pero si seguimos y agregamos el siguiente comportamiento de Freud tendríamos que inclinarnos que su mal humor era producto de una ansiedad ante lugares cerrados.

Dándole rienda suelta, abrí la ventanilla del tren y saqué la cabeza fuera para respirar a mis anchas. Apenas lo había hecho cuando comenzaron a gritarme que la cerrara (era el lado azotado por el viento) 2, especialmente determinado pasajero.

¿Que tenemos aquí? Abrió la ventana a pesar de que el tiempo no era el mejor y el viento azotaba ese lado; encima saca la cabeza tratando de capturar aire fresco. Algo que le reconozco a Freud es su cierta honestidad consigo mismo. Definitivamente, y como el bien reconoce, es una manía. Pero más adecuado sería llamarlo claustrofobia.

El asunto comienza cuando Freud empieza a mostrarse intransigente. Le ofrece un trato a este "determinado pasajero". Si el cierra la ventana la ventana del enfrente debería abrirse en su lugar. El pasajero le ofrece a Freud, en cambio, abrir una rendija de ventilación. Mientras estos discutían, el antisemitismo hizo su entrada.

[...] se oyó a alguien decir "Es un sucio judío."

Rápidamente la situación elevo su tono. El pasajero, con el que Freud discutía, se mostró también antisemita. Comenzó a comparar la compasión de los cristianos contra el egocentrismo de los judíos.

«Nosotros, los cristianos, tenemos consideración hacia el prójimo, mientras que ustedes no piensan más que en si mismos»

Freud no se achica y manda callar a este pasajero; y enfrenta, dispuesto a pelearse, al segundo.

[...] diciendo al otro que se levantara y preparase para recibir el vapuleo que se había merecido. Yo estaba dispuesto a matarle, pero no se levanto.

Al parecer, logrado un acuerdo sobre dejar una rendija de ventilación abierta, la situación se pone algo más tranquila. El revisor, que el mismo Freud solicito, le ofrece pasar a otro compartimiento. Freud se niega y mantiene la ventana abierta. De hecho se muestra provocador.

[...] yo me senté audazmente junto a ella, pues estaba dispuesto a enzarzarme en un[a] pelea.

El primer pasajero se queja y Freud lo manda a quejarse con el revisor. Un segundo empleado aparece y finaliza la pelea enunciando que no se debe abrir ventanas en invierno. Freud debe cerrar la ventana. Derrotado en esta pequeña rencilla, y contra el beneplácito popular que provoco esta pequeña derrota de Freud, este arremete con más fuerza.

[...] me volví y grité al que llevaba la voz cantante que se acercara a donde yo estaba. No las tenía todas conmigo en cuanto al resultado de la pelea, Nadie movió un dedo y nadie volvió a dirigirme la palabra.

El resto fue tranquilo. Freud se gana algo de tranquilidad para el viaje.

En cualquier caso no me rebaje a su nivel.

Extraña escala de valores. El utilizar la fuerza física esta por encima de los insultos. Parece bien responder con fuerza física a los insultos. Ambos enfoques son criticables en extremo.

[...] debieron darse de que no tenía miedo ni permitía que esta experiencia me deprimiera.

¿Un asunto de honor para Freud? Cierto que el racismo es algo bastante desagradable y más sufrirlo en carne propia. Pero aquí no se estaba jugando más que una ventanilla abierta. Y por lo visto no estaba la vida de Freud en peligro. Solo se enfrentaba a la burla. Por lo visto, tenia los ánimos sensibles, pero podemos achacarlo más bien a la ansiedad de su claustrofobia. La inquietud sobre el caso queda abierta ...

Espero haber ayudado a desmitificar a Freud. A sacarle un poco el halo de santidad que le pusieron sus seguidores y creyentes.

  1. 1. Sigmund Freud - Epistolario Selección de Ernst L. Freud - Tomo I (1873-1883) - Editorial Hyspamerica (1988)
  2. 2. Las cursivas son mías.

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